SIETE
GENERALES RUSOS HAN SIDO ABATIDOS, Y
AHORA SON
“EL
GRAN BOTÍN” DE UCRANIA
Desde la Segunda Guerra
Mundial no ocurría algo semejante: que los generales enemigos se acerquen tanto
al frente.
El resultado como es de
esperar result que los altos mandos son tan vulnerables como los propios soldados.
El primer alto mando
ruso de cuya muerte hubo constancia oficial fue el general-mayor Andréi
Sujovetski, comandante adjunto del 41.º Ejército.
El general Sujovetski nació en
el año 1,974 y había sido distinguido con dos órdenes al coraje y otra al
mérito militar.
Su fallecimiento, anunciado
por los ucranios el 1 de marzo, fue confirmado por una organización de
oficiales de Krasnodarsk. Incluso Putin lo mencionó en un discurso.
Las muertes de otros militares de alto rango rusos no están claras, pero tampoco Moscú las ha desmentido.
En tanto que el Gobierno
ucranio anunció que el 41.º Ejército ruso había vuelto a ser golpeado el 7 de
marzo, al caer abatido el general-mayor Vitali Guerásimov, entonces jefe de
personal y primer comandante adjunto de esta fuerza.
Por su parte el Ministerio de
Defensa ruso declinó comentar esa información a la y el portal de investigación
“Bellingcat” —declarado agente extranjero por Rusia— publicó una supuesta
grabación en la que dos miembros del “Servicio Federal de Seguridad” ruso (FSB)
lamentaban que el militar había sido interceptado porque sus vías de
telecomunicación que ya no eran tan seguras en Ucrania.
Otro caso similar es el del
general Andréi Kolésnikov, comandante del 29.º Ejército. El exministro y actual
asesor del Ministerio del Interior ucranio, Antón Gueráschenko, anunció el 11
de marzo que las fuerzas de Kiev habían acabado con su vida, aunque esto no ha
sido confirmado oficialmente.
Cuatro días después, el 15 de
marzo, Gueráschenko también divulgó en “Telegram” que el batallón “Azov” había
acabado con otro general-mayor ruso. Pese a que ilustraba la publicación con la
imagen de un muerto, no mencionaba ni su nombre ni su ejército, y tapaba su
rostro con varios documentos y la supuesta insignia del militar.
El despliegue ruso incluye más
de medio centenar de ejércitos de armas combinadas, divisiones y brigadas. A
ellos se suman otras fuerzas, como las milicias de Donetsk y Lugansk, los
grupos de mercenarios de Wagner y Siria, la guardia pretoriana del presidente
checheno e incluso policías antidisturbios.
En todo ese tiempo, el
Ministerio de Defensa ruso solo ha divulgado una vez la cifra oficial de
víctimas entre sus filas, 498 muertos, y lo hizo el 2 de marzo.
Sin embargo, los diarios
locales rusos han seguido informando posteriormente de un goteo constante de
entierros a lo largo y ancho del país. Durante la sesión parlamentaria en la
que se aprobó la ley que condena con la cárcel la difusión de información falsa
sobre la guerra.
Mientras tanto la senadora
Liudmila Narusova solicitó al Ministerio de Defensa que confirmase si era
cierto que habían muerto 96 de los 100 miembros de una compañía formada por
reclutas.
A la pérdida de generales
rusos se suma la de casi una decena de coroneles. Un ejemplo es el comandante
del 331.º regimiento de las “Fuerzas Aerotransportadas”, Serguéi Sújarev,
veterano de las dos guerras de Chechenia (1,994 y 1,999) y de Osetia del Sur (2,008).
El mando murió junto a otros
cuatro oficiales, según publicó el pasado 17 de marzo la televisión regional de
Kostromá.
Los intentos de avanzar en un
frente cada vez más estancado podrían haber incrementado el riesgo que asumen
los oficiales.
Dos días antes, el diario “Bashinform”
publicó que el comandante de la brigada de ingenieros “Alkino-2”, Serguéi
Porojnía, falleció bajo fuego de mortero mientras participaba personalmente en
la construcción de un cruce, según anunció un portavoz de la “Unión Rusa de
Veteranos de Afganistán”.
Mientras tanto el comandante
del 247.º regimiento de “Fuerzas Aerotransportadas”, el coronel Konstantín
Vizevski, también falleció en esta ofensiva sobre Ucrania.
Su padre había sido un
veterano de Afganistán, y su familia decidió enterrarle en el mismo lugar. “¡La
muerte de Konstantín es un golpe terrible! Duele pensar que ya no está, es
imposible hacerse a la idea”, lamentaba el alcalde de la ciudad de
Nevinnomyssk, en su cuenta de Instagram a principios del presente mes de marzo.
En resumen las pérdidas reales
de la guerra no se conocerán hasta dentro de mucho tiempo, donde según las
estimaciones estadounidenses publicadas el pasado martes 16 de febrero por el “New
York Times”, las tropas rusas habrían perdido hasta ahora entre 3,000 y 7,000
militares, mientras que un estudio realizado por la “BBC” de Londres, contabiliza
las bajas publicadas de forma dispersa. Ellos confirman el fallecimiento de 557
combatientes rusos,a manos del ejército y de los habitantes en la resistencia
de Ucrania.
La cifra podría ser incluso
mayor, ya que el día lunes el diario ruso “Komsomólskaya Pravda” publicó en su
versión digital durante unos minutos que habrían muerto 9,861 militares rusos y
que otros 16,153 habían resultado heridos, según unas capturas de pantalla
divulgadas por varios corresponsales de “The Wall Street Journal”. La
información desapareció poco después.
En el caso de las fuerzas
ucranias pasa algo parecido. El presidente Volodímir Zelenski confirmó la
pérdida de 1,300 militares hasta el 12 de marzo, aunque dos días antes las
estimaciones estadounidenses multiplicaban por dos y tres veces esas cifras.
La prensa rusa apenas ha
mencionado en todo este tiempo altos mandos enemigos abatidos por sus fuerzas.
En uno de esos raros ejemplos,
el vicejefe de las milicias de Donetsk, Eduard Basurin, anunció el 1 de marzo
que sus combatientes habían matado al general de brigada ucranio Dmitri
Krasílnikov, máximo responsable de la formación Séver. “Como resultado, las
unidades nacionalistas de las regiones de Donetsk y Lugansk quedaron sin
dirección”, afirmó hace ya tres semanas.
La desinformación abunda y a
veces ocurre la resurrección de enemigos dados por muertos.
La prensa rusa publicó el 10
de marzo que el exministro del Interior ucranio Arsén Avakov había muerto en el
asedio de Járkov.
El político —que asumió el
puesto tras la huida del presidente Víktor Yanukóvich a raíz de la matanza de
Maidán del año 2,014— publicó un vídeo poco después en el que desmentía su
propia muerte. “Me encuentro en Kiev con mucha más gente. Propagandistas,
¡nunca tendrán éxito”, afirmó.
Otra supuesta muerte fue la de
Magomed Tushayev, comandante del 14.º Regimiento Especial Motorizado de la
Guardia Nacional rusa, quien aparentemente resucitó semanas más tarde.
En tanto que las Fuerzas a las
que pertenece esa unidad son un caso especial, pues no están adscritas al
Ministerio de Defensa, sino que solo responden en forma directa ante el
presidente ruso, y en ese caso son aún más independientes: las unidades
chechenas son parte de la guardia pretoriana del presidente de la república
caucásica, Ramzán Kadírov.
Tushayev fue declarado muerto
por los ucranios el 27 de febrero. Sin embargo, el 16 de marzo reapareció en un
vídeo supuestamente grabado aquel día donde desafiaba a quienes aseguraban que
había fallecido en acción.









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